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¿HACIA DÓNDE CORRES?

Si alguna vez has salido de casa muy temprano por las mañanas, seguramente habrás visto personas que van corriendo en las aceras. El atletismo es una disciplina muy practicada. Uno de los atletas más conocidos de nuestros tiempos es Usain Bolt, él es considerado el hombre más rápido de la historia. En el campeonato mundial de Berlín rompió record al correr 100 metros en tan solo 9.58 segundos, ganando así la medalla de oro. Ahora, ¿te imaginas si Usain Bolt en lugar de correr hacia la meta hubiera corrido hacia la puerta del estadio? Si quería ganar el oro, tenia que correr hacia el lugar correcto.

En el mundo caído y convulcionado en el que vivimos, pareciera que cada día nos levantamos a correr una carrera muy larga y cansada, así es la carrera que el mundo nos ofrece, debemos correr cargando todo el peso de nuestro pecado. La vida se torna frustrante, oscura y amarga. 

Una Invitación Muy Especial

No podemos continuar ignorando la realidad: crisis, enfermedades, pérdidas, divorcios, pandemias, abuso, muerte y la lista puede continuar. Ignorar la verdad de que vivimos en un mundo caído solo nos lleva a creer en la mentira que de podemos hacer algo para arreglarlo. Entramos en un círculo tan frustrante, le abrimos la puerta al enojo y a la amargura. !Al fin y al cabo es más fácil enojarse y culpar a Dios que hacerme responsable de mi propios pecados! – así actuamos. 

Pienso que como creyentes tenemos el enorme privilegio de poder correr hacia Cristo en toda circunstancia y en todo tiempo, esto es algo tan accessible, real y palpable que lo podemos hacer todos los días a través de la oración. Nuestro Señor Jesucristo ya sabía esto desde hace miles de años atrás cuando dijo: Venid a mí (Mt 11:28). Él ya conocía nuestra naturaleza y nuestra debilidad y se preocupó por nosotros, Él cuidó de dejarnos esas preciosas palabras para esos momentos en donde nos sintamos desorientamos. Jesús conoce nuestro corazón y sabe lo que hay en el hombre (Juan 2:25), por eso siempre nos invita a venir a Él.

Corriendo Hacia La Meta 

¿Alguna vez te has detenido a meditar en tus decisiones diarias? ¡Creéme! Todos los días somos tentados y animados a dejar de creer de Dios, y nos toca decidir entre venir a Cristo o alejarnos de Él. Te lo voy a decir otra vez: somos tentados constantemente, y nuestra respuesta a todo esto se muestra en las decisiones y acciones diarias incluso en aquellas que parecen tan pequeñas y ordinarias. 

En mi vida espiritual he sido tentada muchas veces (o todos los días) a correr hacia el placer temporal o a una salida rápida, quiero hacer las cosas a mi modo y aunque sé que Dios me dice: no te apoyes en tu propio entendimiento (Prov. 3:5), ahí voy yo queriendo tener el control y buscando robarle Su gloria. 

Si vivieramos el los tiempos de Cristo creo que el apóstol Pablo nos entendería muy bien, sino mira estas palabras:

“No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poderalcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” (Filip 3:12-14)

Sí hermanos, vamos a fallar. Estamos siendo santificados todos los días y su gracia nos abraza y nos anima. Podemos seguir hacia la meta, la recompenza lo vale: un día estaremos con el Señor. Jesús lo dió todo por nosotros, abracemos ese llamado de morir a nosotros mismos cada día, un poquito a la vez, recordando de que no estamos solos, la ayuda del espíritu santo está presente…él intercede por nosotros con gemidos indecibles. (Rom 8:26)

La Recompensa

 “Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestra tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús..” (Hebreos 12:1-2)

En nuestra vida como cristianos, no corremos por una medalla de oro, ni por vanidades que se echan a perder, al contrario, corremos por algo mucho más valioso, por esa herencia reservada para nosotros, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,
Ni han entrado al corazón del hombre,
son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman.

(1 Cor 2:9)

Sé que muchas veces al igual que yo te has preguntado, ¿hasta cuando?. Sé que te has sentido cansado y asustado. Me puedo imaginar que la incertidumbre de la vida y los tiempos tan difíciles que vivimos han tratado de debilitar tu fe, puedo pensar que han habido momentos en los que ya no has querido orar y la biblia dejó de tener sentido, conozco perfectamente como se siente todo esto, pero permíteme decirte amado hermano o hermana, que a su debido tiempo Él enjugará toda lágrima de tus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor (Apoc 21:4), y Dios no es hombre para mentir. 

Dios envió a su hijo, se hizo hombre, y entiende perfectamente nuestra naturaleza humana. Pero no solo eso, murió por nuestros pecados, hemos recibido la salvación y gracias a Él es bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman. (Stg 1:12)

Sigamos corriendo con paciencia esa carrera, peleemos la buena batalla, pongámonos esa armadura preciosa, siempre alegres, dando gracias por todo, orando sin cesar, sometiéndonos los unos a los otros, perdonando, amando…muriendo al viejo hombre, poniendo los ojos en Cristo, quién es el único que puede satisfacernos. Él es la dirección correcta que busca nuestra alma, la tranquilidad de un carácter apacible y la razón de su iglesia. Corramos hacia Él.

¡Cuán importante es correr hacia el lugar correcto!. Hermanos, hoy me gustaría hacerles esta pregunta: ¿Hacia donde corres?

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Where are You Running?

If you've ever left home very early in the morning, you’ve surely seen people running on the sidewalks. Athletics is a widely practiced discipline. One of the best known athletes of our time is Usain Bolt, considered the fastest man in history. At the world championships in Berlin he broke a record by running 100 meters in just 9.58 seconds, thus winning the gold medal. Now, can you imagine if instead of running towards the goal Usain Bolt had run towards the gate of the stadium? If he wanted to win the gold, he had to run to the right place.

In the fallen and twisted world in which we live, it seems that every day we get up to run a very long and tired race. This is the race that the world offers us: we must run bearing the full weight of our sin. Life gets frustrating, dark and bitter.

A Very Special Invitation

We cannot continue to ignore reality: crisis, illness, loss, divorce, pandemic, abuse, death, and the list can go on. Ignoring the truth that we live in a fallen world only leads us to believe the lie that we can do something to fix it. We enter such a frustrating cycle, opening the door to anger and bitterness. At the end of the day it is easier to get angry and blame God than to take responsibility for my own sins! This is how we act.

I think that as believers we have the enormous privilege of being able to run to Christ in all circumstances and at all times. This is something so accessible, real and palpable that we can do it every day through prayer. Our Lord Jesus Christ knew this thousands of years ago when he said: Come to me (Mt 11:28). He already knew our nature and our weakness and he cared about us, He took care to leave us those precious words for those moments when we feel disoriented. Jesus knows our heart and knows what is in man (John 2:25), that is why he always invites us to come to him.

Running Toward the Goal

Have you ever stopped to meditate on your daily decisions? Trust me! Every day we are tempted and encouraged to stop believing in God, and we have to decide between coming to Christ or turning away from Him. I will tell you again: we are constantly tempted, and our response to all this is shown in daily decisions and actions, even in those that seem so small and ordinary.

In my spiritual life I have been tempted many times (or every day) to run towards temporary pleasure or a quick exit; I want to do things my. Although I know that God tells me “do not lean on your own understanding” (Prov 3: 5), here I go wanting to be in control and seeking to steal His glory.

If we lived in the times of Christ I think the apostle Paul would understand us very well. Just look at these words:

“Not that I have already reached it or that I have already become perfect, but I keep going, in order to be able to achieve that for which I was also reached by Christ Jesus. Brothers, I myself do not consider that I have already achieved it; But one thing I do: forgetting what is behind and reaching out to what lies ahead, I press on toward the goal to obtain the prize of the high calling of God in Christ Jesus.” (Phil. 3:12-14)

Yes brothers and sisters, we are going to fail. We are being sanctified every day and his grace embraces and encourages us. We can continue towards the goal, the reward is worth it: one day we will be with the Lord. Jesus gave everything for us, let us embrace that call to die to ourselves every day, a little bit at a time, remembering that we are not alone, the help of the Holy Spirit is present…he intercedes for us with unspeakable groans (Rom 8:26).

The Reward

“Therefore, since we are surrounded by so great a cloud of witnesses, let us also lay aside every weight, and sin which clings so closely, and let us run with endurance the race that is set before us, keeping our eyes on Jesus...” (Hebrews 12:1-2)

In our life as Christians, we do not run for a gold medal, nor for vanities that go to waste. On the contrary, we run for something much more valuable, for that inheritance reserved for us, as it is written:

“What no eye has seen, nor ear heard,
    nor the heart of man imagined,
what God has prepared for those who love him”

- 1 Cor. 2:9

I know that many times like me you have asked yourself, how long? I know you've been feeling tired and scared. I can imagine that the uncertainty of life and the difficult times in which we live have tried to weaken your faith. I imagine that there have been times when you have no longer wanted to pray and the Bible stopped making sense. I know exactly how all this feels, but let me tell you dear brother or sister, that in due time He will wipe away every tear from your eyes, and there will be no more death, no more mourning, no crying, no more pain (Rev 21: 4), and that God does not lie like man.

God sent his son, became a man, and perfectly understands our human nature. But not only that, he died for our sins, we have received salvation and thanks to him the man who perseveres under trial is blessed, because once he has been approved, he will receive the crown of life that the Lord has promised to those who they love him (James 1:12).

Let us continue running that race with patience, let us fight the good fight, put on that precious armor - always joyful, giving thanks for everything, praying without ceasing, submitting to one another, forgiving, loving...dying to our old self, laying eyes on Christ, who is the only one who can satisfy us. He is the right direction our soul seeks, the tranquility of a mild character and the reason for his church. Let us run to Him.

How important it is to run to the right place! Brothers and sisters, today I would like to ask you this question: Where are you running?

Milu Hakkel

Milu is a member of Cornerstone and serves the church as a servant minister.

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